
Cuando algunos le dan vueltas a la idea de que la novela está herida, se
halla moribunda o en paradero desconocido, vuelvo a pensar en Camus, en
Sartre, en Faulkner, en Sábato, en Vázquez Montalbán. Y rearmo mis
ideas. Porque en esta sociedad en que todo va tan deprisa, en que todo
ha de caducar rápido, parece que no hay temas a los que hincarles el
diente con razón y argumentos, pero es una impresión falsa. Lorenzo
Silva viene a demostrarlo con una novela que no es política, que no es
social, que no es hija del realismo crítico, pero que a la vez tiene
dentro todo el deseo y todo el poder que esas intenciones novelescas nos
dejaron como legado para que las usen y las reutilicen los autores que
tienen la mirada puesta en el mundo, se implican ante lo que ven y no
pierden el tiempo levantando teorías exculpatorias y vanas con que
justificar su absoluto amor por los libros y su total indiferencia por
los problemas de quienes están a su alrededor, que son visibles y
perceptibles para cualquiera que no viaje dentro de una urna las
veinticuatro horas del día. "La estrategia del agua" es la respuesta a
algunos asuntos que a todos nos incumben (todos somos hijos, muchos son
padres) y es una visión políticamente incorrecta de un autor que piensa,
expone y arriesga, que sabe plantear y resolver mediante una clara
técnica literaria un tema que levantará encontradas opiniones entre
quienes lean esta valiosa novela.
Tras una decepcionante experiencia con el sistema judicial, que ha
puesto en libertad a un asesino al que había detenido después de una
larga investigación, el brigada Bevilacqua, alias Vila, se halla
desencantado y más escéptico de lo que acostumbra. Así se enfrenta al
nuevo caso que le ocupa: un hombre llamado Óscar Santacruz ha aparecido
con dos tiros en la nuca en el ascensor de su casa. Parece el
«trabajo» de un profesional, lo que se antoja desmesurado dada la poca
trascendencia de la víctima, que tiene algunos antecedentes menores por
tráfico de drogas y violencia de género. Vila y su compañera, la
sargento Chamorro, afrontan la tarea, muy a regañadientes por parte de
Vila, actitud que empezará pagando «el nuevo», Arnau, un joven guardia
que poco a poco se irá ganando la confianza del brigada.
Parece que
los problemas en la vida de Óscar, aparte de sus roces con la
justicia, se limitan a su divorcio, mal llevado y con un hijo de por
medio. Pero, ¿qué esconde la denuncia que pesaba sobre la víctima por
malos tratos? ¿Y su detención por tráfico de drogas? ¿En qué oscuros
asuntos estaba envuelto este hombre en apariencia tan poco peligroso?
Una
novela sobre los claroscuros de las relaciones, sobre los errores y
aciertos de los jueces, sobre los vericuetos de la moderna
investigación policial, sobre las injusticias que provocan las leyes y
sobre el mal, que a menudo está entre lo que tenemos más cerca, incluso
entre lo que un día amamos.